La Selección Mexicana clasificó invicta a octavos de final del Mundial 2026 y el optimismo en las gradas se ha trasladado, con cautela, a las proyecciones económicas. Los analistas de Banamex cifraron en 0,1% del PIB —equivalente a US$2.000 millones o MXN$35.000 millones— la contribución que dejará el torneo al crecimiento de este año, estimado por el banco en 1,3% para el cierre de 2026.
El número tiene contexto: en mayo de 2026, México recibió US$5.600 millones solo por remesas. El aporte mundialista representa menos de la mitad de ese flujo mensual. Iván Arias, director de Estudios Económicos Banamex, precisó que el cálculo parte de que la industria del fútbol en su conjunto equivale a 0,2% del PIB del país.
La literatura académica, según los propios especialistas del banco, no muestra efectos claros ni consistentes de organizar un Mundial sobre una economía. Rodolfo Ostolaza, subdirector de Estudios Económicos Banamex, fue directo: «No queda muy claro cuál sea el efecto, pero sin duda, mientras más avance México, más ánimo va a haber y el ánimo sí pega». Si el país ganara el torneo, agregó, sí existiría un efecto positivo documentado.
El escenario de base, sin embargo, es sobrio. El Indicador IMEF describe a la economía mexicana en «punto muerto» al iniciar el segundo semestre, con bajo dinamismo y sin señales de recuperación sostenida. En el primer trimestre de 2026, el PIB se contrajo 0,6% frente al trimestre anterior. Los especialistas consultados por Banxico proyectan un crecimiento de apenas 1,1% para el año.
La confianza del consumidor tampoco acompaña el festejo: el Indicador del Inegi de junio se ubicó en 43,8 puntos, un ligero aumento de 0,4 respecto al mes previo, pero en su nivel más bajo desde diciembre de 2022. Los analistas de Banamex señalaron que revisar ese indicador en los próximos meses será clave para calibrar si la euforia futbolística se convierte en gasto real.
Geográficamente, Ciudad de México concentra el grueso del beneficio: más población, mayor conectividad, sede de la inauguración y cinco partidos. Monterrey, en cambio, no albergó ningún partido de la Selección y su impacto será menor. El turismo de largo plazo —efecto de visibilidad global— es la otra apuesta, aunque Paulina Anciola, subdirectora de Estudios Económicos Banamex, advirtió que ese retorno «no es que tenga un efecto en este año».
Desde la perspectiva de Ágora Capital, los números hablan solos: un evento de escala histórica aporta al PIB menos de lo que las remesas generan en tres semanas. Eso no resta mérito al desempeño deportivo, pero sí ilustra la fragilidad estructural de una economía que lleva años dependiendo del gasto de los migrantes y del consumo interno en lugar de construir un entorno de inversión productiva. Mientras el aparato estatal acumula incertidumbre regulatoria y el riesgo país se mantiene elevado, ningún gol —por eufórico que sea— reemplaza las condiciones que el capital necesita para quedarse.



