Loma Negra llega a sus 100 años con una paradoja que su propio CEO, Sergio Faifman, describe sin rodeos: los números de la compañía no son el problema. «Para los inversores, hoy el ZIP Code pesa más que el balance y el negocio», dijo Faifman en una entrevista con Bloomberg Línea.
La cementera más grande de Argentina opera hoy al 50% de su capacidad instalada. El mercado del cemento cayó más de 20% desde el récord de ventas que la empresa registró en 2022 y aún no recuperó esos niveles, según el ejecutivo. Aun así, los resultados del primer trimestre muestran solidez: ingresos netos por ventas de US$149 millones, un alza de 1,1% interanual, y un EBITDA ajustado consolidado de US$45 millones. La utilidad neta fue de ARS$40.627 millones, un 44% superior a la del mismo período del año anterior.
El ADR de Loma Negra, listado en Nueva York, acumula una caída de 12,59% en lo que va del año, aunque en los últimos 12 meses registra un leve alza de 0,62%. El consenso de analistas relevado por Bloomberg es mayormente comprador: cinco recomendaciones de compra y tres de mantener.
«Nos pasó de presentar balances muy buenos y que la acción cayera igual por una noticia negativa sobre el país», reconoció Faifman. Cuando la empresa salió a Bolsa en 2017, las preguntas de los inversores se centraban en el mercado del cemento. Hoy, según el CEO, «casi el 90% de las reuniones con inversores giran alrededor de lo que sucede en Argentina».
En materia financiera, la compañía reporta US$200 millones de deuda que Faifman califica de «totalmente manejable» y descarta problemas de caja. La infraestructura está lista: plantas, logística, la red ferroviaria FerroSur y presencia nacional. «Si la economía mejora, estamos preparados para capturar rápidamente ese crecimiento», sostuvo.
El cambio accionario también marca un giro estratégico. Loma Negra pasó a manos de LATCEM, vehículo liderado por Marcelo Mindlin —dueño de Pampa Energía y hoy presidente del directorio de la cementera— junto con Redwood Capital Management y fondos de Moneda–Patria Investments. La entrada se produjo mediante la compra de deuda de InterCement, del grupo brasileño Mover, que atravesó un proceso de reestructuración.
Faifman, con 32 años en la empresa y una década como CEO, destacó el cambio de horizonte que implica el nuevo accionariado: «Nuestro accionista anterior tenía una preocupación lógica por la generación de caja y los dividendos. Hoy tenemos accionistas con una visión más de largo plazo y eso da mayor libertad para pensar inversiones». Aclaró, sin embargo, que no existe ningún plan de integración o fusión con Pampa Energía: «Son compañías distintas, con distintos accionistas».
Los catalizadores que el CEO identifica para la recuperación son la minería, Vaca Muerta y el crédito hipotecario sostenido. «La macro está bastante mejor. Lo que falta es desarrollar un mercado financiero que permita sostener créditos hipotecarios de largo plazo», señaló. Las proyecciones más optimistas apuntan a 2027.
El caso Loma Negra ilustra con precisión lo que el mercado ya sabe: cuando el riesgo país domina la conversación, incluso los balances sólidos pierden poder de convocatoria. La empresa invirtió US$300 millones para duplicar capacidad en su planta L'Amalí y otros US$60 millones en modernización de envases. El capital está desplegado. Lo que espera es que el Estado deje de ser la variable que opaca todo lo demás, y que el crédito privado de largo plazo encuentre, por fin, las reglas claras que necesita para funcionar.



