La economía argentina avanza en dos velocidades y la industria no es la excepción. Según un informe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), de la Fundación Mediterránea, apenas cinco de las 16 ramas industriales principales se ubican en terreno positivo al comparar su nivel de actividad entre noviembre de 2023 —previo al cambio de gobierno— y abril de 2026, último dato disponible del Indec.
En términos agregados, el rubro industria acumuló una caída de 4,1% en ese período. El subsector de muebles, colchones y otras manufacturas se mantuvo prácticamente neutro, con un avance de apenas 0,2%.
Los ganadores: extractivos y exportadores
Los sectores con mejor desempeño son los vinculados a la química, el petróleo y la minería. El bróker Facimex Valores cuantifica el avance: las actividades primarias —agro, minería, petróleo y gas— crecieron más de un 28% en términos desestacionalizados desde noviembre de 2023, impulsadas tanto por la recuperación tras la sequía como por factores estructurales. Las actividades terciarias, en tanto, crecieron un 3,5%.
Entre los sectores con mejores perspectivas hacia adelante, Facimex menciona la refinación de petróleo, químicos y agroquímicos, farmacéutica, minerales vinculados al litio, molienda de oleaginosas, alimentos de mayor valor agregado, carnes, madera, papel y tubos sin costura.
Los perdedores: mercado interno y trabajo intensivo
En el extremo opuesto, los subsectores ligados a la indumentaria encabezan las caídas. La industria manufacturera sufrió una fuerte contracción al inicio del programa económico y, pese a recuperar parte del terreno, se ubicaba un 4,3% por debajo de los niveles de fines de 2023, según Facimex. El panorama es más desafiante para textiles, neumáticos, maquinaria, electrónicos, electrodomésticos y la industria automotriz.
El costo energético agrava el cuadro. Según informó La Nación, el gobierno trasladó al sector privado el mayor costo del gas natural licuado (GNL) importado, encarecido tras el conflicto en Medio Oriente. La Unión Industrial Argentina estima que al menos una de cada dos empresas evalúa reducir su nivel de actividad durante julio por ese impacto. La fabricante de maquinaria agrícola Metalfor inició un Procedimiento Preventivo de Crisis tras registrar atrasos en el pago de salarios, en un caso que ilustra las tensiones del sector.
El diagnóstico estructural
IERAL atribuye el desempeño dispar a la combinación de apertura comercial, escaso margen de competitividad cambiaria y avances limitados en la reducción de impuestos distorsivos. El resultado es un «desfasaje» entre importaciones de consumo —bienes finales del exterior— e importaciones productivas —insumos y bienes de capital—, que explica la divergencia entre ramas.
Facimex propone leer la transformación desde el ángulo de las ventajas comparativas: Argentina asigna recursos hacia actividades en las que compite globalmente. Sin embargo, el propio IERAL advierte que el dinamismo de los sectores extractivos y exportadores «no alcanza para compensar la situación de los sectores rezagados» y configura un escenario de bajo crecimiento.
Desde Ágora Capital, el diagnóstico es claro: el rebalanceo sectorial es el resultado lógico de eliminar la represión cambiaria y abrir la economía, dos condiciones necesarias para cualquier programa de estabilización serio. El problema no es la apertura; es que los impuestos distorsivos que el IERAL señala siguen intactos, encareciendo la producción local frente al bien importado. Mientras el aparato fiscal no se alivie para la manufactura, la reconversión será real pero incompleta, y el costo lo pagarán los trabajadores de los sectores rezagados antes que los balances del Estado.



