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Empresarios latinos añadieron 180.000 firmas y $337.000 millones en ingresos mientras los blancos perdían terreno

Un informe de Stanford revela que entre 2017 y 2023 los negocios de propiedad latina evitaron una contracción neta del tejido empresarial estadounidense. El mercado ya votó: la libre iniciativa no tiene color.
Foto: fortune.com
domingo 5 de julio de 2026

Los números primero. Entre 2017 y 2023, los negocios de propiedad latina sumaron 180.000 nuevas firmas mientras los de propiedad blanca perdían aproximadamente 140.000, según un nuevo informe de Stanford citado por Fortune. Sin ese impulso, Estados Unidos habría cerrado el período con menos empresas de las que tenía al inicio.

El dato de empleo refuerza la tendencia: los negocios latinos generaron cerca de un millón de empleos netos en esos seis años, frente a unos 658.000 de los negocios de propiedad blanca. Los ingresos del segmento escalaron de 495.000 millones de dólares a más de 832.000 millones, un alza del 68%, contra un 45% en el caso de los negocios blancos.

El cuadro macro es igualmente llamativo. La economía latina en su conjunto se aproxima a los 4 billones de dólares en producción anual y crece a más del doble de la velocidad de la economía estadounidense en su conjunto, de acuerdo con la misma fuente.

Detrás de esas cifras hay una cadena de formación de talento. El autor del artículo, Anthony Hernandez, académico de la Universidad de Wisconsin–Madison y ex administrador del programa Title V en una institución de servicio hispano, señala que las Minority-Serving Institutions —universidades que atienden mayoritariamente a minorías— funcionan como infraestructura económica real: producen trabajadores, innovadores y emprendedores. Cita el caso de Compton College, en California, que según datos de IPEDS supera a muchas instituciones pares en tasas de graduación y transferencia pese a atender a una alta proporción de estudiantes elegibles para becas Pell.

Hernandez advierte que el financiamiento federal a estas instituciones atraviesa un momento de incertidumbre creciente, justo cuando la investigación documenta el auge emprendedor negro y latino.

Lectura editorial de Ágora Capital. La historia que cuentan estos datos es, en el fondo, la historia de siempre: cuando el individuo tiene acceso a herramientas —educación, crédito, reglas claras— la iniciativa privada florece sin necesidad de ingeniería social. Que los empresarios latinos hayan sostenido el crecimiento neto de firmas en Estados Unidos no es un argumento para expandir el aparato burocrático; es la prueba de que el libre mercado premia el esfuerzo independientemente del origen.

El riesgo real no es que falte voluntad emprendedora. Es que la incertidumbre regulatoria y los vaivenes en el gasto público —en educación técnica y en pequeña empresa por igual— erosionen la plataforma de despegue. Capital busca reglas claras, y el talento también. Fortalecer esa cadena de formación como inversión en productividad, no como gasto social, es exactamente el tipo de política que convierte un boom demográfico en un boom económico sostenible.

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