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El 95% de trabajadores de 18 a 34 años admite evadir obligaciones laborales, según encuesta en EE.UU.

Un estudio de PapersOwl entre 2.000 estadounidenses revela que la generación Z normaliza prácticas que erosionan la productividad empresarial y replantean el modelo de gestión de talento.
Foto: elcomercio.pe
lunes 6 de julio de 2026

Una encuesta realizada por PapersOwl entre 2.000 estadounidenses de entre 18 y 34 años encontró que el 95% admite recurrir a tácticas diversas para evadir sus obligaciones laborales. El dato, difundido por la plataforma TN, pone sobre la mesa una tensión creciente entre las expectativas de la generación Z y las necesidades operativas de las empresas.

Entre los comportamientos más frecuentes documentados por el estudio figura el llamado «coffee badging»: registrar presencia en la oficina para cumplir el requisito formal y luego trabajar desde otro espacio. Dos de cada tres encuestados que practican esta conducta señalaron que lo hacen para contar con mayor libertad en la organización de su jornada. El 41% afirmó considerar más eficiente trabajar fuera de la oficina, y el 32% dijo buscar evitar las interrupciones habituales del entorno corporativo.

El estudio también detectó que una parte de los trabajadores utiliza herramientas de inteligencia artificial para completar tareas sin comunicarlo a sus empleadores, y que otro segmento aprovecha las facilidades del trabajo remoto para gestionar actividades personales durante la jornada laboral.

Los propios responsables del informe aclararon que los resultados corresponden únicamente a la muestra analizada y no representan el comportamiento de todos los trabajadores jóvenes. Con todo, consideran que los datos evidencian cambios importantes en las dinámicas laborales actuales.

Para las empresas, la consecuencia más inmediata es la presión sobre los sistemas de supervisión, comunicación y medición del desempeño. La diferencia de expectativas entre empleadores y una fuerza laboral que prioriza flexibilidad y equilibrio personal obliga a replantear modelos de gestión diseñados para otro contexto.

Desde la perspectiva de Ágora Capital, el fenómeno no es un problema generacional sino un problema de incentivos mal alineados. Cuando la productividad no se mide por resultados sino por presencia, el arbitraje es inevitable: el trabajador optimiza lo que puede controlar. La solución no pasa por más regulación laboral ni por mandatos de retorno a la oficina impuestos por ley, sino por contratos claros, métricas de desempeño transparentes y la libertad de las empresas para diseñar culturas que atraigan a quienes sí quieren producir. El mercado laboral, como cualquier mercado, asigna mejor cuando las reglas son nítidas y las consecuencias, reales.

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