El Departamento de Trabajo de EE.UU. (BLS) reportó el 2 de julio que la economía estadounidense generó 57,000 empleos no agrícolas en junio, aproximadamente la mitad de lo que esperaba el consenso de analistas. El número, ya débil de por sí, esconde una anomalía que encendió las alarmas en los mercados: el sector de ocio y hostelería destruyó 61,000 puestos, la mayor caída desde la pandemia, en el mismo mes en que Estados Unidos alberga la Copa del Mundo, el evento deportivo más grande del planeta.
Jamie Cox, socio director de Harris Financial Group —firma con 1,300 millones de dólares en activos bajo gestión con sede en Richmond, Virginia— fue categórico: «Estos datos son engañosos y deben ignorarse. No hay ninguna posibilidad de que ocio y hostelería registre un número negativo en medio del Mundial. Las revisiones al alza llegarán en los próximos meses».
La evidencia de actividad económica contradice directamente el dato. Un análisis del BofA Institute firmado por Liz Everett Krisberg y David Tinsley muestra que el gasto con tarjeta creció 5.4% interanual durante la fase de grupos del torneo, impulsado sobre todo por visitantes foráneos cuyo consumo subió 17.4% en las ciudades sede.
La economista de Pimco Tiffany Wilding señaló que el sector «en realidad se esperaba que se beneficiara de las contrataciones por el Mundial». Joe Brusuelas, economista jefe de RSM, pidió tomar el reporte «con pinzas» y anticipó «una revisión al alza en la estimación de junio cuando se publiquen los datos de julio».
Paul Donovan, de UBS, fue más técnico: «El informe de empleo fue un conveniente recordatorio de no poner demasiado énfasis en una sola publicación de datos poco fiable. Hubo revisiones notables y los detalles mostraron oscilaciones en los ajustes estacionales que movieron las cifras de manera bastante desajustada».
Gregory Daco, economista jefe de EY-Parthenon, describió la caída en hostelería como «el mayor ojo morado de junio», aunque no llegó a afirmar que el dato sea incorrecto. Robert Armstrong, del Financial Times, planteó la hipótesis de que, si se excluyen las pérdidas en hostelería, el resultado mostraría «una buena tendencia de cuatro meses».
El BLS publica revisiones sucesivas a sus cifras de nóminas a medida que llegan respuestas rezagadas de encuestas, por lo que la corrección de la primera lectura es práctica habitual. El historial reciente, documentado por Pantheon Macroeconomics, muestra que las revisiones han sido predominantemente a la baja en los últimos trimestres.
Desde Ágora Capital, el episodio ilustra un problema de fondo: cuando el aparato estadístico del Estado emite señales contradictorias con la realidad observable —miles de turistas gastando en hoteles y restaurantes durante el mayor evento deportivo del año—, el mercado tiene razón en desconfiar. La incertidumbre regulatoria y arancelaria ya frena las decisiones de contratación de las empresas, como reconoció el propio Donovan. Añadir ruido estadístico a ese entorno solo encarece la toma de decisiones para el capital privado. Los inversores harán bien en esperar la revisión de julio antes de ajustar sus posiciones.



