Un dron ucraniano impactó el sábado un terminal petrolero en el distrito Kirovsky de San Petersburgo, en la costa del Mar Báltico, confirmaron autoridades rusas. El gobernador Alexander Beglov informó además que las defensas antiaéreas derribaron 72 drones ucranianos sobre la segunda ciudad más grande de Rusia y su región circundante.
El presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy describió la operación como parte de las «sanciones de largo alcance» de Ucrania contra Rusia. En Telegram, precisó que las fuerzas ucranianas también golpearon un objetivo militar en la isla de Kronstadt, frente a la costa de San Petersburgo: «Las fuerzas de defensa ucranianas golpearon la infraestructura petrolera portuaria, que financia la guerra rusa».
El mismo distrito Kirovsky ya había sido atacado en junio, días antes del foro económico insignia de San Petersburgo. La presión acumulada es visible: en la península de Crimea, anexada por Rusia en 2014, las autoridades locales suspendieron las ventas de gasolina a civiles tras los bombardeos. Un ataque ucraniano del sábado mató a una persona e hirió a dos más, entre ellas un niño de 10 años, según el gobernador instalado por Moscú, Sergei Aksyonov.
La ciudad fronteriza de Bélgorod quedó casi completamente sin electricidad el sábado a causa de ataques nocturnos, reportaron medios locales rusos. En el lado ucraniano, ocho personas resultaron heridas —dos de ellas niños— tras un ataque ruso a edificios residenciales en la región de Zaporizhzhia.
Vladimir Putin minimizó los golpes a las instalaciones energéticas rusas calificándolos de «no críticos» y afirmó que la guerra continuará hasta que se cumplan sus objetivos. Atribuyó los ataques a un intento ucraniano de desviar la atención de sus pérdidas en el campo de batalla, aunque analistas citados en las fuentes señalan que el avance de las fuerzas rusas ha sido frenado en los últimos meses.
El viernes, Putin visitó el cuartel general militar y celebró la toma de Kostiantynivka, un nudo de transporte e industria en Donetsk, como un paso «de importancia estratégica mayor» hacia Sloviansk y Kramatorsk. Zelenskyy rechazó la versión: «Es simplemente otra mentira rusa». El portavoz del Estado Mayor ucraniano, mayor Andriy Kovalev, calificó el anuncio de «desinformación descarada».
Lectura de Ágora Capital. La guerra energética que libra Ucrania tiene una lógica de mercado precisa: cada terminal petrolero destruido reduce el flujo de divisas que financia la maquinaria bélica del Kremlin. Que Crimea haya tenido que racionar gasolina a civiles y que Bélgorod pierda el suministro eléctrico son señales de que la infraestructura productiva rusa absorbe un castigo real, independientemente de la retórica oficial de Moscú. Putin puede declarar los daños «no críticos» ante las cámaras; los mercados y los ciudadanos rusos que hacen cola sin combustible cuentan una historia diferente. Capital busca reglas claras, y lo que queda claro aquí es que la presión económica sobre el aparato estatal ruso crece semana a semana.



