Un análisis de CNBC identificó 14 empresas que respaldan simultáneamente a America250 —el organismo bipartidista creado por el Congreso en 2016— y a Freedom 250, la alianza público-privada impulsada por el presidente Donald Trump para sellar su sello personal en el 250 aniversario de la nación.
Las compañías son Boeing, Deloitte, Exiger, John Deere, Lockheed Martin, Northrop Grumman, Oracle, Palantir, Phorm Energy, RTX, SAP, Scotts Miracle-Gro, UFC y United Airlines. Varias de ellas tienen contratos de defensa, intereses regulatorios, fusiones pendientes o asuntos fiscales que dependen de decisiones de la administración Trump.
CNBC precisó que no encontró evidencia de conexión directa entre los patrocinios de Freedom 250 y los negocios de esas empresas con el gobierno federal.
Sin embargo, los materiales de recaudación de fondos de Freedom 250 —reportados primero por The New York Times— establecieron un esquema de beneficios escalonados: una contribución de un millón de dólares incluía invitación a una recepción privada con Trump y una sesión fotográfica. Por 2,5 millones, el donante obtenía un rol como orador en el evento del 4 de julio en Washington. Por 10 millones o más, el paquete sumaba acceso VIP a todos los eventos, derechos de logo, comunicado de prensa personalizado y una recepción privada adicional con el presidente.
«Para un millón de dólares obtienes un encuentro con el presidente, y lo que hemos visto es que cuando entras a la sala con Donald Trump, eso tiende a ser muy beneficioso para tu negocio», declaró a CNBC Matt Dallek, historiador político de la Universidad George Washington.
Bruce Freed, presidente del Center for Political Accountability, resumió la preocupación central: «El problema no es que las empresas patrocinen una celebración nacional. El problema es que esta celebración parece ofrecer acceso al presidente mientras algunas de esas empresas tienen negocios ante su administración».
En paralelo, el Congreso destinó 150 millones de dólares para los festejos del aniversario, pero America250 había recibido solo 25 millones a principios de junio, según un informe obtenido por NOTUS. Freedom 250 y sus eventos asociados captaron cerca de 80 millones en subvenciones canalizadas a través de la National Park Foundation, según el mismo medio.
Demócratas de la Comisión de Recursos Naturales de la Cámara publicaron un informe esta semana acusando a Freedom 250 de desviar fondos y engañar a patrocinadores. Freedom 250, America250 y la Casa Blanca no respondieron a múltiples solicitudes de comentario de CNBC.
El caso más ilustrativo de la intersección entre dinero corporativo y política fue el de UFC: la compañía organizó un evento de artes marciales en la Casa Blanca durante el fin de semana del cumpleaños de Trump. Días antes, Dana White, presidente de UFC y aliado histórico del mandatario, le envió una carta el 11 de mayo pidiéndole revertir una disposición del «Big Beautiful Bill» que limitaba las deducciones por pérdidas en apuestas al 90%, según reportó ESPN.
La lectura de Ágora Capital. El esquema de Freedom 250 ilustra una tensión que el libre mercado no puede ignorar: el acceso al poder no debería cotizarse en un menú de precios. Cuando una empresa con contratos federales por miles de millones paga siete cifras por una foto con el presidente, el riesgo no es solo reputacional —es sistémico. Capital busca reglas claras, no tarifas de entrada. La opacidad en el flujo de estos fondos, combinada con la asimetría entre lo que recibió el organismo bipartidista del Congreso y lo que captó el vehículo presidencial, plantea preguntas legítimas sobre asignación de recursos públicos y competencia leal. El mercado funciona cuando las reglas son iguales para todos, no cuando el acceso se subasta.



